Yolanda Vaccaro entrevista a Andrés Neuman por su libro “Hacerse el muerto”

Entrevista en El Comercio

http://elcomercio.pe/impresa/pdf/1319086800/ECCU201011c10/

http://elcomercio.pe/impresa/notas/literatura-nombra-lo-que-duele/20111020/1320477

ENTREVISTA. Andrés Neuman
“La literatura nombra lo que duele”

ANDRÉS NEUMAN ACABA DE PUBLICAR “HACERSE EL MUERTO”, UN LIBRO DE MÚLTIPLES REGISTROS. SEGÚN EL AUTOR, SU OBRA ESTÁ CARGADA DE HUMOR NEGRO

Por: Yolanda Vaccaro Corresponsal
Jueves 20 de Octubre del 2011
MADRID. Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977, ganador de los premio Alfaguara y Nacional de la Crítica 2010) ha publicado el libro de relatos “Hacerse el muerto” (Páginas de Espuma) en el que explora los múltiples registros de la muerte, el lado tragicómico de las familias o el despertar sexual. La prematura muerte de su madre marca gran parte de la inspiración. La obra contiene 30 relatos escritos entre el 2004 y el 2011, intercalando lo trágico, lo tragicómico y, sobre todo, haciendo gala de su reconocida capacidad para regalar frases dignas del mejor tratado de filosofía actual.

Muchas de las frases de su libro son filosóficas, como latigazos. ¿El libro es un pretexto para filosofar?
Más que una excusa es una ocasión para filosofar, que igual parece un verbo muy pretencioso; digamos reflexionar. La belleza de la escritura no es que te permita decir lo que piensas sino que a veces te permite pensar; los escritores escribimos porque no sabemos pensar sin escribir, es el motivo, la búsqueda, una escritura que busca su idea y su forma. Rubén Darío decía: “Yo persigo una forma que no encuentro en mi estilo” y ocurre con las ideas. Lo ideal es que exista un equilibrio entre el interés del argumento, la belleza del lenguaje y la densidad conceptual, es un triángulo cuyos lados necesitan armonía.

En este libro se nota más su faceta reflexiva…
Aquí es donde hay más humor negro porque es un libro con mucha muerte y también con mucha risa, el humor se vuelve más trágico que en otros libros míos. Siempre me ha gustado el registro tragicómico, porque mantiene en forma el músculo del asombro; lo que es solamente cómico o solamente trágico nos permite acomodarnos como lectores o espectadores. Cada vez me interesan más los registros ambiguos, que te plantean la duda de cómo reaccionar. En este libro conviven con más intensidad esas contradicciones.

En cuanto a la motivación de esta obra, es imposible no hablar de su madre…
Sí, hay una parte que sale directamente de la enfermedad y la muerte de mi madre, y las dos cosas fueron traumáticas. Aparte de la pérdida que entraña la muerte, fue una enfermedad de una persona muy joven y llena de vida y que se dedicaba al arte, con lo cual hubo una degradación veloz de sus facultades y de su cuerpo. Esas dos cosas me pedían una escritura para poder ser digerida, la ficción no siempre es una agradable evasión de la realidad sino que muchas veces es la única manera de aterrizar en la realidad. Hasta que no pude escribir sobre esa experiencia de mi madre no sentí que el duelo empezaba a cerrarse.

¿Fue una catarsis?
Al arte en general le conviene ser una catarsis controlada. Por respeto al lector las razones de un texto no pueden ser solo terapéuticas, porque bastaría con el psicoanalista o con escribir y no publicar. Si uno da el paso de publicarlo, que ya es un atrevimiento, ha de someterlo después del momento catártico a un proceso de revisión y cuestionamiento que sea puramente estético. Esa experiencia me resultó particularmente difícil, me costó dolor escribir esto y al mismo tiempo fue un aprendizaje necesario.

¿Se ha desnudado ante los lectores?
Es como desnudarse y vestirse de otra manera al mismo tiempo. Emocionalmente te desnudas pero el lenguaje es un vestido, si no la mejor literatura sería la que diga: “yo temo, yo sufro, yo amo”, sería el poema más perfecto pero sería una mierda. Es necesario encontrar un lenguaje, un vehículo estilístico para decirlo de un modo en que esa experiencia conecte con la de quien está al otro lado, del lector. El factor estético no es simplemente un embellecedor, sino que es el vehículo que posibilita compartir esa emoción.

¿Está de acuerdo con quienes dicen que el Nobel a García Márquez fue prematuro y el Nobel a Vargas Llosa tardío?
Casi todos los Nobel son tardíos y muchos no los dan; no se lo dieron a Borges ni a César Vallejo, que es mi poeta favorito. El Nobel a Echegaray fue absolutamente ridículo y el Nobel a Cela discutible. El Nobel está sujeto a lo largo de su historia a tendencias políticas.

¿A qué contemporáneos latinoamericanos lee?
A todos los que puedo. Entre los peruanos me interesan mucho Iván Thays, el casi híbrido de Daniel Alarcón, su media peruanidad, con lo que me identifico por mi parte española y mi parte argentina [llegó a España con 13 años]. La poesía peruana es espléndida, desde el ya fallecido Watanabe, que es uno de mis poetas preferidos, o Chirinos. Alonso Cueto es un gran narrador, la literatura peruana me fascina desde siempre. Uno de los mejores cuentistas del siglo XX es Julio Ramón Ribeyro, y Fernando Iwasaki es un gran escritor y un enorme amigo, he leído casi todas sus obras.

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