Yolanda Vaccaro: la Infanta Cristina imputada por blanqueo de capitales y evasión fiscal

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Artículo en El Comercio

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MIÉRCOLES 8 DE ENERO DEL 2014
POR: YOLANDA VACCARO CORRESPONSAL

Un juez acusa a la hija del rey de España de lavado de dinero y evasión tributaria

El magistrado asegura que la infanta Cristina al menos tenía conocimiento de las actividades ilegales de su esposo, Iñaki Urdangarin.

Madrid. La infanta Cristina de Borbón, segunda hija de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, deberá finalmente declarar ante los tribunales en calidad de acusada. El juez José Castro, a cargo de la investigación de la compleja trama del Instituto Nóos, le atribuye los delitos de evasión fiscal y blanqueo de capitales. Su declaración judicial está prevista para el 8 de marzo. Por los delitos que se le sindican, Cristina podría recibir una pena de hasta ocho años de prisión.

La acusación se fundamenta en que la infanta es copropietaria, junto con su esposo –el ya imputado Iñaki Urdangarin–, de la empresa Aizoon, que se habría usado para desviar más de un millón de euros desde el Instituto Nóos. Este, a su vez, fue un organismo creado para captar millones de euros de diferentes entidades públicas a cuenta de informes y asesorías sobrevaloradas, que Urdangarin habría conseguido valiéndose de su parentesco con la familia real.

Esta es la segunda vez que el juez Castro acusa a Cristina de Borbón. La primera vez, en abril del 2013, tuvo que dar marcha atrás pues el fiscal correspondiente, Pedro Horrach, así lo pidió en un recurso. Pero esta vez el juez ha vuelto a la carga y ha elaborado un meticuloso documento de 227 páginas para justificar su acusación. En él señala que Iñaki Urdagarin “difícilmente” podría haber defraudado al fisco sin “cuando menos el conocimiento y la aquiescencia” de su esposa “por mucho de que de cara a terceros ella mantuviera una actitud propia de quien mira para otro lado”.

El juez resalta que en Aizoon Cristina e Iñaki eran los únicos socios al 50% y “que ambos se repartían temporalmente la presidencia de la entidad, que ambos contrataban personal a sabiendas de que los contratados nunca habrían de prestar servicios para la sociedad, que a esta se cargaban gastos personales del matrimonio, que compartían tarjetas de crédito y que el domicilio social se residenciara en el propio del matrimonio”. También anota que varias facturas de la empresa eran falsas.

Contrató a indocumentados
El caso que ha colocado a la monarquía española en su momento más crítico y peligroso está repleto de datos ilegales y esperpénticos, que se detallan en la resolución del juez Castro.

A la empresa Aizoon se cargaron gastos como los de las fiestas de cumpleaños de los hijos del matrimonio Urdangarin-Borbón, cenas familiares, ropa de niños, etcétera.

Asimismo, los empleados del palacete barcelonés en el que vivía la familia eran inmigrantes sin papeles contratados de forma ilegal por la propia infanta, quien, según los ex empleados, les decía que sus salarios serían abonados “en negro” (es decir, fuera de cualquier contabilidad y sin beneficios laborales) y que luego podrían acceder al permiso de residencia, pero contratados ficticiamente por Aizoon.

La Casa Real ha manifestado que respeta la decisión judicial. Mientras tanto, el abogado de la infanta Cristina ha anunciado que presentará una apelación.

El balbuceante monarca en su peor momento

Madrid. El rey Juan Carlos vive días penosos. Ayer conoció la imputación judicial de su hija y un día antes le tocó pasar el que seguramente se recordará como uno de los momentos más embarazosos de su reinado.

Fue durante la celebración de la Pascua Militar. Se suponía que el monarca debía proyectar una imagen de recuperación luego de la operación a la cadera que le practicaron en noviembre (la quinta en dos años). El resultado fue todo lo contrario: en muletas, con semblante deteriorado y mirada perdida por momentos, el rey no pudo pasar revista a las tropas y permaneció sentado.

Lo peor vino cuando se equivocó al leer su discurso frente a la plana mayor de las Fuerzas Armadas en su calidad de comandante en jefe. A ratos se quedaba sin respiración y en un momento emitió un resoplido que hacía pensar que no iba a poder seguir. Incapaz de seguir la ilación cambió palabras en varias ocasiones. Por ejemplo, dijo “esa es la grandeza de la familia, la vuestra y la mía” en lugar de “la grandeza de la milicia, la vuestra”. La reina Sofía, los príncipes de Asturias, el presidente del Gobierno y los miembros de la cúpula militar no ocultaron su incomodidad y miraron largo rato al suelo.

Así, lo que tenía que ser una reaparición triunfal tras dos años de achaques médicos al calor del vía crucis judicial de la infanta Cristina se convirtió en la reafirmación de que Juan Carlos continúa siendo rey a duras penas, mientras la imagen de la monarquía sigue en caída libre en las encuestas. A sus 76 años seguramente el rey hace rato que ya habría abdicado en favor de su hijo Felipe. Pero hacerlo precisamente en las circunstancias actuales equivaldría a reconocer el deterioro de la monarquía que reconstruyó con esfuerzo. Y el debate no sería sobre quién reina, sino sobre la existencia misma de la Corona.

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