Yolanda Vaccaro: Los yernos del Rey Juan Carlos

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Los yernos del Rey Juan Carlos

Yerno rico, yerno pobre
Por: Yolanda Vaccaro Corresponsal

MADRID. Más de 500.000 euros anuales. Ese es el sueldo que ganará Iñaki Urdangarín, esposo de la infanta Cristina, la segunda hija de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía. Y es que Iñaki será el delegado de la empresa Telefónica en Estados Unidos en su calidad de consejero de Telefónica Internacional y presidente de su comisión de Asuntos Públicos. Desde el 2006 trabaja en esta compañía, donde cobra aproximadamente 300.000 euros. Antes creó o participó en una serie de empresas con beneficios millonarios gracias, entre otras cosas, a la imagen de la familia real. Los Urdangarín Borbón —Iñaki, Cristina y los cuatro hijos del matrimonio: Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene— se mudarán en breve a Washington D.C. o a Nueva York.

La suerte económica de Urdan- garín contrasta con la de su concuñado, Jaime de Marichalar, separado pero aún casado legalmente con la infanta Elena, la primogénita de los monarcas ibéricos. En una década, la cotización en el mundo empresarial de ambos ha seguido caminos exactamente inversos. El binomio yerno rico, yerno pobre se ha invertido.

DEL BALONMANO AL NEGOCIO
La carrera de Urdangarín, 41 años, 1,98 metros de estatura, ha sido meteórica. Cuando contrajo matrimonio con la infanta Cristina, en 1997, no había concluido estudios universitarios y era un jugador medio del equipo de balonmano español. Su familia pertenecía a la clase media vasca. Su madre está emparentada, pero de forma muy lejana, con la familia real belga. Su padre es ingeniero industrial.

Desde su real matrimonio no solo ha recibido un título nobiliario, el de duque de Palma, sino que también ha cosechado fortunas insospechadas en el ámbito empresarial y, desde hace unos años, en Telefónica.

Por supuesto, la carrera no ha estado exenta de polémica. Asesoró a federaciones deportivas mientras fue presidente del Comité Olímpico Español, y fue uno de los fundadores de Nóos, el Instituto de Estudios Estratégicos y Mecenazgo, del que fue presidente. Esta entidad llegó a recibir del Gobierno Regional de las Islas Baleares 1,2 millones de euros para organizar un cuestionado foro sobre deporte y turismo.

Como señala la periodista Carmen Rigalt, el nombre de Urdangarín constituía un reclamo y todos se lo rifaban para formar parte en empresas de asesoría. Hasta que, por lo visto, el rey Juan Carlos le llamó la atención y medió para que su yerno fuera contratado por Telefónica.

Y es que la familia real española siempre se ha distinguido por su austeridad, en comparación con el resto de familias reales europeas. Por eso desató un escándalo la noticia de que los Urdangarín-Borbón habían comprado una casa de 3.000 metros cuadrados en el lujoso barrio de Pedralbes, en Barcelona —ciudad en la que residen—, valorada en más de 6 millones de euros. Cristina gana 200.000 euros anuales por trabajar para la fundación de la entidad financiera española La Caixa, un trabajo que, al parecer, tratará de mantener desde EE.UU. de alguna manera. En el país del norte, según la prensa, si se decantan por Washington los duques de Palma matricularán a sus hijos en el Sidwell Friends School, el colegio al que van las hijas del presidente Barack Obama, y que cuesta unos 30.000 euros al año por niño.

LA MALA SUERTE
Jaime de Marichalar, a sus 46 años, 1,97 metros de estatura, ha visto en la última década cómo caen sensiblemente sus ingresos. En 1995, al casarse con la infanta Elena, ya ostentaba cargos en empresas financieras europeas, y entonces le fue concedido el título de duque de Lugo. Con título nobiliario por heredar, perteneciente a una aristocrática familia castellana relacionada desde hace generaciones con la monarquía, en 1999 Marichalar era director y consejero delegado de entidades como Credit Suisse First Boston España y Credit Suisse Hottinger, así como presidente de la Fundación Winterthur AXA. Hoy apenas le queda una representación en una empresa constructora menor.

Su cotización empresarial bajó notoriamente a causa de una parálisis facial que le afectó durante un tiempo y, sobre todo, desde el anuncio, realizado hace un año, de una separación —aunque no divorcio— planteada por la infanta Elena quien, por cierto, no trabaja. En un comunicado difundido por la casa real se anunciaba que el matrimonio daba paso a un peculiar “cese temporal de la convivencia” que, según trascendió, fue solicitado por la infanta y rechazado, por supuesto sin éxito, por Marichalar. Se trata de la primera separación en la historia de los Borbones, aunque Jaime de Marichalar sigue siendo legalmente yerno de los reyes y, como tal, sigue apareciendo en la página web de la casa real española. El caso es que desde la separación Elena y los dos hijos del matrimonio, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos y Victoria Federica, viven en una casa del barrio madrileño de Salamanca. Marichalar se ha quedado solo en un departamento de quinientos metros cuadrados en la misma y céntrica zona de la capital española.

El duque de Lugo, coincide la prensa rosa en España, ha tenido mala suerte. Su debilidad por las lujosas prendas de marca fueron mellando poco a poco su imagen hasta antes del estallido del “cese temporal de la convivencia”. Se lo empezó a considerar una persona frívola y fashion.

Jaime Peñafiel, conocido cronista del ramo, compara ambas trayectorias. Sin pelos en la lengua, señala: “Mientras la prensa se ocupaba de las aventuras y desventuras del pobre Marichalar, una buena persona, un buen tipo, un maniquí roto (que si su enfermedad, que si los pantalones de paramecio, que sus pasminas —chales—, sus paseos en patinete eléctrico por la milla de oro madrileña y sus compras compulsivas); el otro yerno de Su Majestad, sin decir una palabra, se enriquecía gracias a una doble incompatibilidad moral, adquiriendo un palacete en Pedralbes y creando multitud de empresas por las que pasaba dinero público: un hombre tocado por la fortuna”.

Reales dolores de cabeza
MADRID. Los negocios de Iñaki Urdangarín generaron dolores de cabeza en la casa real. El propio rey Juan Carlos pidió a su yerno que rechace ser representante de reconocidas empresas. Antes de ser “fichado” por Telefónica, el duque de Palma abandonó sus negocios.

No es el primer caso en este terreno entre las familias reales europeas. Punto aparte en esta cuestión merece la monarquía inglesa.

Sophie Rys-Jones, esposa del príncipe Eduardo, tuvo que cerrar su empresa de relaciones públicas. Cada día los tabloides ingleses daban cuenta de los beneficios económicos de la empresa. La paciencia real llegó a su límite ya que era muy difícil distinguir si la nuera de la reina actuaba en nombre propio o en el de su poderosa suegra.

Actualmente la prensa inglesa da cuenta de la amistad y de presuntos negocios del príncipe Carlos con Quinlan Terry, considerado su arquitecto “de cabecera”. Según “The Guardian”, el príncipe heredero favorece a Terry en contra de Richard Rogers, arquitecto de vanguardia.

De otro lado, la casa real sueca ya ha advertido al prometido de la princesa Victoria, Daniel Westling, que debe cerrar o, cuando menos, dejar de trabajar en la cadena de gimnasios que posee en Estocolmo.

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