Yolanda Vaccaro: La crisis del euro

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CRISIS. DEVALUAR O NO DEVALUAR
El euro en cuenta regresiva

Algunos piensan incluso en revisar el tratado que dio origen a la Unión Europea

Por: Yolanda Vaccaro Corresponsal
Domingo 25 de Setiembre del 2011
El euro está más que nunca en el punto de mira cuando no ha pasado ni una década desde que empezó a circular. Los mercados no dejan de amenazarlo como perfecto chivo expiatorio de la crisis financiera. Cuando parece que se ha tocado fondo, se cae más bajo todavía. Por si no fuera suficiente con los especuladores y la debilidad de la economía europea, líderes mundiales contribuyen de forma sorprendente con la situación crítica.

Una de las últimas guindas la puso el presidente estadounidense, Barack Obama, quien recientemente dijo sin tapujos: “El gran problema inmediato es Grecia, pero el mayor problema es lo que pase en España e Italia si los mercados continúan arremetiendo contra esos países muy grandes”. Declaraciones que, como es lógico, volvieron a remecer los mercados. Esta semana las bolsas europeas se desplomaron ante los malos augurios. Y la prima de riesgo de Italia –el diferencial entre sus bonos a 10 años frente a los alemanes– rozó el que hasta ahora sigue siendo su máximo histórico, los 416 puntos básicos que marcó en agosto.

ÉPOCAS DE TURBULENCIA
“El euro no funciona. No debería existir tal y como fue concebido. Para algunos países habría sido mejor no adoptarlo, pero ahora ya no hay marcha atrás porque el abandono de la unión monetaria sería increíblemente costoso para todos los miembros del club. Es la conclusión a la que ha llegado esta semana el banco UBS”, recordaba hace poco el periodista Luis Doncel en el diario “El País”, a cuenta de la crisis que se ha cebado especialmente con Grecia, un país al borde de la suspensión de pagos. Algunos expertos consideran que a Grecia (2,5% del PBI europeo; 0,5% del PBI mundial) solo le queda suspender el pago de su deuda y salir del euro.

La crisis ha puesto sobre el tapete las carencias estructurales de la construcción europea: la falta de gobierno y de políticas económicas y financieras realmente comunes. Por el contrario, la Unión Europea (UE) se está destacando por su efecto contagio de los aspectos negativos.

Las palabras de Obama echan leña al fuego pero en el fondo solo reflejan lo que muchos saben: cunde el temor a un contagio de la crisis griega que afectaría a Irlanda y Portugal, pero que terminaría infectando, efectivamente, a dos grandes: Italia y España. Es lo que significa vivir en un mundo globalizado y en una alianza monetaria en principio envidiable pero que ha resultado algo cara con el paso de los años.

Los rumores sobre una probable quiebra de Grecia, incapaz de pagar su deuda, han motivado que el Gobierno Alemán haya manifestado que apoyaría a su sector financiero en caso de impago. En cualquier escenario, se abre la posibilidad de que el país no siga dentro del euro, algo que, curiosamente, podría ser hasta beneficioso no solo para el resto de países de la Eurozona, que dejarían de soportar el lastre, sino incluso para Grecia que, libre de las ataduras del Banco Central Europeo (BCE), podría devaluar su moneda para impulsar su economía.

En cuanto a España, ha vivido especialmente la turbulencia. Por muy poco se libró en agosto de la intervención directa del BCE y de un plan de salvación al estilo griego, luego de que su bono soberano llegara a los 418 puntos de diferencial respecto del bono alemán.

El Ejecutivo español se afana cada día en desmentir que la economía española se parece a la griega con declaraciones rotundas. Pero Ignacio Fernández Toxo, secretario general de Comisiones Obreras, uno de los principales gremios sindicales, contó hace unas semanas que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le había confiado en agosto que España estaba al borde del rescate. No sorprende, pues, que, en contra de sus postulados y planes electorales, el Ejecutivo español haya pactado en el Congreso con el opositor Partido Popular (PP) que la Constitución sea reformada para limitar severamente el déficit público.

Para Italia la situación no es mejor. Mientras España tiene una deuda pública de 63% respecto de su PBI, Italia la soporta en torno al 120%.

LA INACABADA CONSTRUCCIÓN
Para pertenecer a la zona euro la deuda no debe sobrepasar el 60% del PBI y el déficit no puede ser mayor del 3%. En este escenario, tal vez el modo flexible con el que los europeos han manejado su economía y hasta han incumplido sus propias normas tenga mucho que ver con la situación de hoy. Desde hace muchos meses países considerados “relajados” –Grecia, Portugal o España– están en el punto de mira. Pero, estos días, diferentes medios de comunicación españoles han recordado que los paladines del rigor, Alemania y Francia, han incumplido los criterios de convergencia hasta catorce veces cada uno entre el 2000 y el 2010, mientras que España solo lo hizo cuatro veces. Los únicos países de los 17 en los que circula el euro que han cumplido siempre las normas son Finlandia, Luxemburgo y Estonia.

Así las cosas, el próximo presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, ha pedido una “amplia revisión del Tratado de la Unión Europea ya que la actual crisis tiene su origen en una construcción europea inacabada”. Martin Blessing, presidente del Commerzbank, ha dicho en una entrevista en un diario alemán algo mucho más contundente: “O los países del euro toman el camino de una unión política, incluido el tema presupuestario, o solo podremos decir que el euro fue una experiencia interesante que no salió bien”.

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